Las
palabras cuando son grises se escupen, saladas, húmedas, inevitables. Esa innata
debilidad masoquista.
Las palabras cuando son verdes, cuando son rojas, cuando se tiñen de violeta, brillan, irradian, no son palabras, son sensaciones, huelen a sol y a campo, ¿Acaso conocen algún ensayo sobre la alegría?, yo no, quizás porque en vez de analizarla está más bueno disfrutarla.
Las palabras cuando son verdes, cuando son rojas, cuando se tiñen de violeta, brillan, irradian, no son palabras, son sensaciones, huelen a sol y a campo, ¿Acaso conocen algún ensayo sobre la alegría?, yo no, quizás porque en vez de analizarla está más bueno disfrutarla.
(Y, por
suerte, un día no supe que decir.)

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